FESTIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE ESKOLUNBE
Mensaje de Eskolunbe
30 de agosto 2026
Queridas hermanas y hermanos
La festividad de nuestra señora de Eskolunbe nos invita una vez más a visitar con agradecimiento los orígenes de nuestra vocación Adsis contemplando a María, madre de la Iglesia y auxiliadora de nuestra común vocación.
Eskolunbe es lugar sencillo, espacio habitado por el silencio y la escucha de una Presencia que lo habita todo, y de una vecindad que engendra fraternidad cotidiana, alegre y solidaria. Eskolunbe es pesebre y entraña donde se gesta la fe.
María nos invita a seguir poniendo cuerpo al don maravilloso de la vocación, aquí y ahora. A como ella, a dejarnos habitar en las entrañas, en el corazón y en toda nuestra vida por la presencia viva de Jesús. Acoger a Jesús en nuestra existencia sigue siendo la experiencia mayor a recrear y cuidar. Dejarle entrar, vencer las resistencias, para que nuestra sensibilidad, nuestra mirada, nuestra escucha y nuestras palabras, nuestros caminos, nuestras manos, nuestra entrega y compromiso, nuestros gestos y caricias, nuestros pensamientos y proyectos vayan siendo cada vez más los suyos.
María se identifica con Jesús plenamente en la propia carne, dejándose ser seno fecundo de su presencia. Ofreció su propio cuerpo, todo su ser, para que creciera el Cuerpo de Cristo en la humanidad.
María experimenta un gozo profundo. Es el gozo de una dicha sentida desde su fragilidad y vulnerabilidad de mujer. Es el gozo del corazón que arde en amor. Un amor que le ha abrazado y sostenido incondicionalmente más allá de cualquier herida, dolor, discriminación, abandono o sufrimiento. Un amor que se recrea en los momentos de oración y silencio. Un amor que es la fuente de su fuerza y de su urgencia por compartir lo que ha recibido.
María nos llama a levantarnos y salir a toda prisa al encuentro de tantas personas que viven anhelando una vida fecunda, especialmente jóvenes y personas empobrecidas. Vivir hoy la vocación sigue siendo experiencia de dejar atrás lo que nos inmoviliza o nos instala en la resignación y salir hacia Galilea con premura.
Es la prontitud para volver al camino del encuentro, para visitar y adentrarnos en espacios nuevos, en los que tan sólo el amor es nuestra seguridad: el trabajo por la paz y la justicia, por los derechos humanos, por la acogida gozosa de la diversidad, por la restauración, reparación y sanación de las heridas que nos provocamos, por construir una vida cotidiana sostenible y respetuosa con la creación y con una red de relaciones abierta e inclusiva.
María asumió los riesgos y la inseguridad de los nuevos caminos recorridos con amor. Eskolunbe nos llama de nuevo a arriesgar la vida, a comprometerla y acuerparla con tantos y tantas que sienten su vida amenazada, con tantos y tantas que buscan un mundo más humano y fraterno en tantos lugares del mundo.
El amor transfiguró a María. Ya nada es vivido y sentido de la misma manera. María cambió de lugar desde donde mirar y contemplar la vida: el reverso de la historia, la voz silenciada de las víctimas, la sabiduría de lo pequeño, la paciencia de los procesos, el calor del encuentro fraterno, la fecundidad del cuidado, el compartir la experiencia de Dios, ocupan todo su ser.
La esperanza en la misericordia de Dios le hace confiar y proclamar lo que va contra toda lógica dominante: los humildes son enaltecidos, los ricos son despedidos vacíos, los hambrientos son colmados de bienes, los soberbios de corazón son dispersados y los poderosos son derribados de su trono.
María, en Eskolunbe, nos enseña a permanecer en fidelidad dinámica en las raíces de nuestra vocación de presencia, abiertos y abiertas a la novedad del Espíritu. Llevar la Buena Noticia del Evangelio a tantos jóvenes y personas empobrecidas es hoy acompañarles en sus búsquedas, procesos y anhelos profundos, mostrarles con sencillez la fraterna vocación Adsis desde el testimonio de nuestra vida. Y a la vez, dejarnos transformar por su fe, sus búsquedas, sus compromisos, su cultura y valores. Dejar que nuestras entrañas “bailen de gozo” al compartir lo profundo que nos da sentido y compromete nuestras vidas.
Los recientes terremotos en Venezuela y Colombia, las 36 mujeres asesinadas en España por violencia de género en lo que vamos de año 2026 y la entrada masiva de tantos jóvenes marroquíes en Ceuta, son algunos signos que nos siguen hablando de la urgencia de la solidaridad, del respeto por la vida humana y de la acogida y hospitalidad frente a tantos muros, machismo y fronteras que atentan el sueño de fraternidad universal querida por Dios.
Seamos como María portadores que difunden la luz de Dios y de su presencia de vida plena allí donde nos encontremos; mostremos una Iglesia cercana, fraterna, solidaria e inclusiva. Y como María sigamos aprendiendo a vivirlo con gratuidad y generosidad.
Con María seguimos creyendo que “por iniciativa del Espíritu de Dios, ha nacido en nosotros una urgencia cristiana que nos impulsa a la acción. El sufrimiento de tanta miseria y la experiencia de nuestra incapacidad para acabar con ella nos abren a Dios y nos vinculan en comunidad de hermanos.” (Credo Adsis 1)
Carlos Jarque
Moderador General


